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INICIOS Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL ALARDE DE HONDARRIBIA
Origen de los “alardes de armas”
Para entender el origen del Alarde de Hondarribia, debemos primero conocer el origen de los alardes de armas y su significado. El origen de la palabra “alarde” está en los hábitos militares norteafricanos, y etimológicamente proviene de la raíz árabe “ard-“, que significa “revista de tropas”.
Los alardes de armas tienen un origen medieval, al formase en esa época escoltas armadas como ornato especial en ceremonias públicas de signo cívico-religioso. La función de estas milicias armadas, existentes en toda Europa, era la de honrar fechas como las fiestas populares, celebrar los días de San Juan Bautista y San Pedro o el del Corpus-Christi, entre otros.

Las milicias forales
En el País Vasco, desde la Edad Media, de acuerdo con los Fueros que regían el territorio, cada pueblo tenía la facultad y la obligación de organizarse militarmente, formando parte de sus milicias forales todos los varones en edades comprendidas entre los 18 y los 60 años.
Desde su inicio, las Villas guipuzcoanas formaban sus propias Compañías siendo su máximo responsable el alcalde como “Capitán a Guerra”. Éstas eran a su vez coordinadas desde la Diputación, que formaba la “Diputación a Guerra” y elegía como jefe nato de todas ellas al “Coronel de la Provincia”.
Cuando el servicio era en defensa de la Provincia, concurrían a ella todos los guipuzcoanos, padre por hijo. En cambio, cuando eran requeridos por el rey siempre que estos saliesen fuera de los límites de la Provincia, acudían bajo sueldo regio, si bien con el paso del tiempo fue desapareciendo.
En sus comienzos utilizaban armas blancas ofensivas (espadas, puñales, ballestas, etc.), así como armas defensivas (rodelas, morriones, alabardas, etc.). A medida que los ingenios de guerra fueron evolucionando, los guipuzcoanos siguieron muy de cerca estos cambios, y ya para comienzos del siglo XVI se habían dotado de arcabuces y otras armas de fuego, y las Compañías mandadas por un Capitán y un Cabo habilitaron también cargos intermedios como Alférez y Sargento, respondiendo siempre a las necesidades surgidas de la evolución de las nuevas formas de hacer la guerra.
La coordinación de las picas con los arcabuces requería unos movimientos conjuntados además de buena puntería, y el aprendizaje de toda esta destreza se ponía en práctica a través de los Alardes o Revistas de Armas.
De esta forma, para acudir en defensa del territorio debían estar preparados militarmente y tener dispuesto su armamento, por lo que periódicamente y en fechas señaladas, los varones entre 18 y 60 años estaban obligados a acudir con sus armas a la convocatoria, para adiestrarse en su manejo y participar en el Alarde o Revista de Armas.

Los "alardes de armas " en Hondarribia
En Hondarribia, tras el Sitio de 1638, el Concejo dispuso que además de la procesión hasta Guadalupe, la Misa y los festejos, se celebrase la “muestra general de armas” en la misma fecha. Esta muestra o Revista de Armas obligatoria, como ya hemos dicho anteriormente, acompañaba a la procesión de la Virgen de Guadalupe. Tras efectuar la revista correspondiente, la milicia completa acudía a la iglesia para acompañar al resto del pueblo en la procesión y Misa, y cumplir de esta forma el Voto efectuado en 1638.
Como se ve, la Revista de Armas adquirió a la vez una nueva dimensión. Se había convertido en un acto cívico-religioso. Antes de 1639, el Alarde de Armas no subía a Guadalupe. De aquí en adelante sí, y se realizaba el 8 de septiembre.
De forma resumida podemos afirmar que el Alarde de Hondarribia es en esencia la renovación anual del Voto que se hizo a la Virgen de Guadalupe en agradecimiento por la liberación del asedio al que la Ciudad fue sometida en 1638, junto con el componente de las milicias forales.
La celebración no se limita al Alarde sino que se inicia con la Novena a la Virgen de Guadalupe y culmina el 10 de septiembre con el acto religioso en memoria de todos aquellos que fallecieron en el asedio. |
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