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¿Que es el Alarde de Hondarribia? El Alarde de Hondarribia, que se celebra cada 8 de Septiembre desde el año 1.639, es, en esencia, la renovación anual del voto que se hizo a la Virgen de Guadalupe en agradecimiento por la liberación del asedio al que la ciudad fue sometida en el año 1.638. Este voto no se limita sólo al Alarde, sino que se inicia con la novena a la Virgen de Guadalupe y culmina el día 10 con el acto religioso en memoria de todos aquellos que fallecieron en el asedio. EL SITIO DE HONDARRIBIA DE 1638 El desfile de armas que se celebra en Hondarribia cada 8 de septiembre, conmemora el fin de dos meses de asedio a manos de los sitiadores franceses y cumple con el Voto hecho a la Virgen de Guadalupe a quien se atribuye la victoria. El Sitio de Hondarribia se produce enmarcado en la Guerra de los Treinta Años que comenzó en 1600 y que fue esencialmente una guerra de carácter religioso iniciada por el estado católico de Bohemia contra la Alemania protestante y que se fue extendiendo por Dinamarca, Suecia y Holanda, coincidiendo con el auge de la monarquía francesa, que utilizó dicho enfrentamiento para saciar su sed de expansionismo por Europa. Su objetivo era consolidarse desplazando a los monarcas españoles a nivel internacional, principal potencia europea de la época que entraba en su etapa de decadencia. En mayo de 1635 Francia, con el Cardenal Richelieu al mando del país, declara la guerra a España por el apoyo que ésta dio a los países involucrados en la Guerra de los Treinta Años. En España reinaba Felipe IV siendo su valido el Conde-Duque de Olivares. En este contexto se produjo la invasión del territorio español por parte de las tropas francesas. El 1 de julio de 1638, estando los hondarribitarras disfrutando de una corrida de toros, vieron que por los montes cercanos a Hendaya se aproximaba un vistoso ejército precedido por banderas y estandartes. Se trataba de una tropa de 30.000 hombres de infantería y caballería y con poderosa artillería, al mando del príncipe de Condé, que con facilidad pasó el río Bidasoa y se apoderó de Irun, Oiartzun, Lezo, Renteria y Pasajes. La desembocadura del Bidasoa, quedaba totalmente cerrada por una fuerza naval compuesta por 64 barcos.
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En el recinto amurallado de Hondarribia, los defensores apenas llegaban a 700: 500 soldados, incluida una compañía de irlandeses, y 200 vecinos, a los que rápidamente se sumaron 50 hombres de Tolosa y 22 de Azpeitia, enviados por la Diputación a Guerra. El Sitio, que duró sesenta y nueve días, fue horroroso. Se abrieron dos brechas en las murallas, volaron siete minas, hubo nueve asaltos. De los setecientos hombres con armas, al mes sólo quedaban trescientos. Un informe oficial habla de que la población fue azotada por dieciséis mil balas de cañón y cuatrocientas sesenta y tres bombas de mortero. En Europa se utilizaron por primera vez los morteros durante el asedio a Hondarribia en 1638. Estas armas de tiro curvo, lanzaban bombas que explotaban una vez llegadas a su objetivo y causaron grandes estragos. Hasta entonces, los cañones únicamente lanzaban proyectiles que no estallaban, tan sólo destruían por la fuerza de su impacto. Los sitiados imploraban a la Virgen, y de forma especial lo hicieron el día 15 de agosto, festividad de la Asunción, en el que todos, pueblo y soldados, confesaron y comulgaron. Días más tarde incluso sacaron en procesión la imagen como deseando que viera las ruinas. Las casas estaban destruidas y había escasez de víveres. El socorro del exterior, que había sido prometido, no llegaba. Cada día era más difícil. La resistencia había llegado al heroísmo. Cuando todo parecía perdido, por los altos y laderas del Jaizkibel llegaba, no sin antes haber tenido problemas, el ejército de salvación. Por parte de las Milicias Forales, Gipuzkoa enviaba 3.000 hombres, Araba 500, y Bizkaia un regimiento. A ellos se sumaban las tropas reales compuestas por navarros, napolitanos, castellanos e irlandeses. Todos cayeron sobre los sitiadores causándoles gran daño y haciéndoles huir. Era el 7 de septiembre, víspera de la festividad de la Natividad de la Virgen, y los hondarribitarras no dudaron en atribuir a su intercesión la liberación de la plaza, máxime cuando lo más decisivo de la batalla se libró en los alrededores del Santuario de Guadalupe. La Iglesia Parroquial se llenó de gentes para cantar un “Te Deum” y postrarse ante la Virgen de Guadalupe. |
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